MORU - ADOPTADA


Moru llegó al albergue en el año 2006. Fue recogida en las calles de Sahagún. Con el paso del tiempo se fue adaptando y se puede decir que era feliz allí. Le encantaba cuando llegaba gente, se ponía como loca a mover la cola y a correr de un lado para otro.

Le encantaba comer pan, mucho más que el pienso incluso. Siempre cogía un cacho grande y se tiraba en algún rincón a comérselo despacito hasta que lo acababa y rápidamente iba a por otro. Si podía le quitaba algún trozo de pan a otro de los perros y se los amontonaba entre las patas para comerse uno tras otro.

Otro de sus vicios era cuando pasábamos la manguera para limpiar el albergue. Ella se ponía con la boca abierta frente al chorro y jugaba a morderlo. Por supuesto acababa empapadísima, pero se lo pasaba genial.

La falta de ejercicio y el exceso de comida hicieron que Moru se convirtiese en una "bolilla". Pero gracias a eso salvó la vida cuando en Diciembre de 2008 una de las perras la atacó, causándole enormes heridas por todo el cuerpo. Tuvo que ser cosida por entera y pasar una larga temporada en una casa de acogida, recuperándose de las heridas.

Estuvo viviendo con otros dos perros, lo que le ayudó a perder el pánico que tenía a otros animales. Las primeras semanas fueron duras para ella, los puntos se le saltaban y había que volver a coserla, todo le dolía y le costaba caminar... Pero pronto fue mejorando y desapareció todo rastro visible de las heridas, aunque no el miedo a los grupos grandes de perros, lo que imposibilitaba su vuelta al albergue.

Varios meses después del ataque se hizo una prueba para ver cómo se comportaba al entrar de nuevo en el albergue. La prueba duró apenas unos minutos. Moru comenzó a temblar, a gimotear, a babear e incluso a orinarse encima.

El 11 de Mayo de 2009, justo una semana antes de la fecha en la que tendría que volver al albergue, sucedió el milagro, Olga se interesó por ella, quería darle la oportunidad que hasta ahora no había tenido y que ella sabía que posiblemente fuese la única que iba a tener para el resto de su vida.

Moru está encantada con su nueva dueña y su hermanito, Bingo, con el que se lo pasa genial corriendo de un lado a otro por el campo y bañándose en las lagunas. Estamos seguros de que Olga salvó la vida de Moru, pero también estamos convencidos de que la vida de Olga no será la misma con Moru a su lado.



¡Muchas gracias!







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