Moco fue abandonado en la puerta de nuestro albergue. Estaba atado con una cadena, al sol y sin comida ni agua. Estaba bastante nervioso, aunque no parecía asustado. Nos costó bastante cogerle pero, al final, acabó bastante cansado de tirar de la cadena y nos dejó meterle en uno de los cuartos.
Aunque es muy nervioso, no es nada agresivo. Con nosotros se porta genial, aunque es un poco bruto. Le encanta que le hagan caso y que le den mimos.
Además, se nota que el pobre tiene unas ganas de correr y hacer ejercicio impresionantes. Cuando le hemos tenido atado tiraba sin cesar y, al soltarle, corría por todo el recinto sin parar, explorándolo todo y conociendo a sus nuevos amigos.
De momento lo tenemos guardado en uno de los cuartos debido a que aún no le conocemos demasiado y no sabemos cómo se portará suelto en el albergue. Además, al ser muy nervioso puede alterar a otros perros y desencadenar un problema peor. De cualquier forma, todos los días se suelta un ratito para que corra y se vaya adaptando, siempre con alguno de nuestros voluntarios presente.
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En general, es un perro precioso y muy activo. Se porta muy bien con las personas y, de momento, no parece problemático con los perros.
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Moco falleció el 25 de Agosto de 2011. Fue llevado al veterinario para ser esterilizado y, al ponerle la anestesia, algo iba mal: estaba teniendo un fallo cardíaco. Fue imposible reanimarlo y allí, con toda la vida por delante, se fue.
Tras hacerle la autopsia, los veterinarios descubrieron que tenía una malformación en el corazón, posiblemente de nacimiento, y que habría sido imposible de haber previsto.
Con todo nuestro dolor le hemos dicho adiós, tras un tiempo tan corto a nuestro lado. La vida es así de injusta, aunque luchemos a diario por cambiarla. Hasta siempre Moco.


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